Dirección Profética “52 DIAS PARA RESTAURAR LOS MUROS DE
NUESTRAS VIDAS Y ASEGURAR NUESTRO BIEN DENTRO DE LOS MUROS”.
Salmos 122:7: “Sea la paz dentro de
tus MUROS, Y el descanso dentro de tus palacios.”
DIA 21: AMA JEHOVÁ LAS PUERTAS DE
SIÓN MAS QUE TODAS LAS MORADAS DE JACOB
LEER
NEHEMÍAS 3:1, 1 REYES 8:1, 2 SAMUEL 5:1-7, GÉNESIS 14, SALMOS 110, GÉNESIS
9:18-26, SALMOS 14, SALMOS 48, SALMOS 87:2.
EL
AMOR DE DIOS POR SION (1)
Durante
los días de Abraham, ya existía la ciudad de Jerusalén, era, en ese entonces, llamada
Salem y es la ciudad en donde Melquisedec era Rey y Sacerdote del Dios Altísimo
(revisar Génesis 14:8). Este dio a Abraham pan y vino, lo que nos habla
proféticamente del cuerpo y sangre de Cristo, y lo bendijo. Luego Abraham le
dio los diezmos de todo lo conquistado (véase hebreos 7:1-4). Abraham era un
grande, pero ante él se encontraba uno aún más grande, Melquisedec, Rey de
Justicia y Rey de Paz.
Algunos
teólogos sostienen que Melquisedec es una teofanía,
es decir, la aparición del Dios Eterno en la persona de Cristo en carne, allá
en los tiempos del Antiguo Testamento. Hebreos 7:3 dice de él que “No
tiene padre ni madre ni genealogía; no tiene comienzo ni fin, pero a semejanza
del Hijo de Dios, permanece como sacerdote para siempre.”, y es aquí
donde Abraham tiene la revelación de la Ciudad Celestial, (véase Hebreos
11:9-16), ésta, geográficamente, era conocida como Jebus, pero su nombre
espiritual era Salem que
significa Justicia y Paz.
Los
Jebuseos habitaron Jebus o Jerusalén hasta que David la redimió (rescato) para
Dios y la llamó Sión. Los Jebuseos eran descendientes de Canaán (véase Génesis
15:18). Esto fue un mover de Dios en un espacio físico de la tierra pues es la
forma mas apropiada en la que nosotros
podríamos entender.
Lo
importante es la NATURALEZA que se imparte en ese lugar como FOCO o EPICENTRO
de la PRESENCIA de Dios. Le explico mejor: Oramos en el altar de Dios, pero, ¿usted ve el altar? No. Comemos la comida espiritual, ¿ve o toca
la comida? No. Por ejemplo, cuando dedicas tu casa a Dios en oración, estas
trayendo la naturaleza de Dios al espacio físico territorial llamado casa.
Quieres que el ambiente de peleas, discusiones, preocupaciones, debilidad,
temor, enfermedades, tristeza u otro que el enemigo haya traído sea echado, y
que la presencia de Dios transforme el lugar, trayendo paz, amor, unión, reconciliación, perdón, prosperidad, alegría,
fe en las pruebas y paciencia en las tribulaciones.
Así
podemos discernir en el reinado de Melquisedec en esta Salem, un lugar en el
Espíritu, la presencia de Dios. Melquisedec bendijo a Abraham como Rey y
Sacerdote de la Ciudad de Dios, la que desciende de lo alto. Abraham la vio y
la saludo. Aunque Melquisedec vivía en Jebus, el espacio territorial físico, su
ciudadanía estaba en el cielo. Es así como tú y yo vivimos en esta ciudad
aunque somos ciudadanos del cielo. Cuando en un espacio físico territorial se
manifiesta el Reino de Dios, el gobierno del Señor, la evidencia de este es
JUSTICIA Y PAZ.
Por
lo tanto, quienes vivimos allí somos bendecidos por el sacerdocio y como agradecimiento
a una vida en justicia y paz, damos nuestros diezmos, para sostener, mantener y
propagar ese sistema de justicia y paz. Por esa razón, dar el diezmo está más
allá de ser un acto religioso o de obediencia por temor al empobrecimiento, es más
un acto de FE.
Jebus
representa el espacio físico territorial a ser conquistado y donde debe
establecerse los principios del Reino de Dios. Muchos no han entendido esto y
por eso tratan de “suspender” a Melquisedec “en el tiempo y en el espacio”.
David entendió que la presencia de Melquisedec en Jebus proveyó a este espacio físico territorial de la presencia de Dios y de la autoridad
como la cabeza de las naciones, desde donde saldría la ley, la alabanza y el
Reinado de Dios a toda la tierra.
Los Jebuseos, descendientes de Canaán, tenían
otra palabra decretada sobre ellos y no fueron fieles al sacerdocio de
Melquisedec en Jebus. Es así como Dios interviene entregándole a la
descendencia de Abraham la tierra de los cananeos. Abraham es el portador de la
bendición y debe echar a los Jebuseos para establecer desde Jerusalén, que es Salem
en sentido espiritual, el Trono de Dios, las sillas del juicio, el altar de
Dios, la Casa de Dios y la Ciudad de Dios, mostrando un ejemplo de Nación y
Ciudad a todas las naciones.
Debemos
comprender que Dios quiere establecer, en cada centímetro cuadrado de la tierra,
su Reino. Cuando los hijos e hijas de
Dios entendemos esto, entonces entregamos a Cristo el espacio físico
territorial donde habitamos y procuramos mediante la intercesión, los decretos
y la profecía redimir la tierra para nuestro Dios, echando a los jebuseos, es
decir, a los demonios que gobiernan territorios.
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