sábado, 18 de marzo de 2017

DIA 21 DE 52 DIAS PARA RESTAURAR LOS MUROS DE NUESTRAS VIDAS Y ASEGURAR NUESTRO BIEN DENTRO DE LOS MUROS”.

Dirección Profética “52 DIAS PARA RESTAURAR LOS MUROS DE NUESTRAS VIDAS Y ASEGURAR NUESTRO BIEN DENTRO DE LOS MUROS”.

Salmos 122:7: “Sea la paz dentro de tus MUROS, Y el descanso dentro de tus palacios.”

DIA 21: AMA JEHOVÁ LAS PUERTAS DE SIÓN MAS QUE TODAS LAS MORADAS DE JACOB

LEER NEHEMÍAS 3:1, 1 REYES 8:1, 2 SAMUEL 5:1-7, GÉNESIS 14, SALMOS 110, GÉNESIS 9:18-26, SALMOS 14, SALMOS 48, SALMOS 87:2.


EL AMOR DE DIOS POR SION (1)

Durante los días de Abraham, ya existía la ciudad de Jerusalén, era, en ese entonces, llamada Salem y es la ciudad en donde Melquisedec era Rey y Sacerdote del Dios Altísimo (revisar Génesis 14:8). Este dio a Abraham pan y vino, lo que nos habla proféticamente del cuerpo y sangre de Cristo, y lo bendijo. Luego Abraham le dio los diezmos de todo lo conquistado (véase hebreos 7:1-4). Abraham era un grande, pero ante él se encontraba uno aún más grande, Melquisedec, Rey de Justicia y Rey de Paz.

Algunos teólogos sostienen que Melquisedec es una teofanía, es decir, la aparición del Dios Eterno en la persona de Cristo en carne, allá en los tiempos del Antiguo Testamento. Hebreos 7:3 dice de él que “No tiene padre ni madre ni genealogía; no tiene comienzo ni fin, pero a semejanza del Hijo de Dios, permanece como sacerdote para siempre.”, y es aquí donde Abraham tiene la revelación de la Ciudad Celestial, (véase Hebreos 11:9-16), ésta, geográficamente, era conocida como Jebus, pero su nombre espiritual era Salem que significa Justicia y Paz.
Los Jebuseos habitaron Jebus o Jerusalén hasta que David la redimió (rescato) para Dios y la llamó Sión. Los Jebuseos eran descendientes de Canaán (véase Génesis 15:18). Esto fue un mover de Dios en un espacio físico de la tierra pues es la forma mas apropiada en la  que nosotros podríamos entender.

Lo importante es la NATURALEZA que se imparte en ese lugar como FOCO o EPICENTRO de la PRESENCIA de Dios. Le explico mejor: Oramos en el altar de Dios, pero,  ¿usted ve el altar?  No. Comemos la comida espiritual, ¿ve o toca la comida? No. Por ejemplo, cuando dedicas tu casa a Dios en oración, estas trayendo la naturaleza de Dios al espacio físico territorial llamado casa. Quieres que el ambiente de peleas, discusiones, preocupaciones, debilidad, temor, enfermedades, tristeza u otro que el enemigo haya traído sea echado, y que la presencia de Dios transforme el lugar, trayendo paz, amor, unión,  reconciliación, perdón, prosperidad, alegría, fe en las pruebas y paciencia en las tribulaciones.

Así podemos discernir en el reinado de Melquisedec en esta Salem, un lugar en el Espíritu, la presencia de Dios. Melquisedec bendijo a Abraham como Rey y Sacerdote de la Ciudad de Dios, la que desciende de lo alto. Abraham la vio y la saludo. Aunque Melquisedec vivía en Jebus, el espacio territorial físico, su ciudadanía estaba en el cielo. Es así como tú y yo vivimos en esta ciudad aunque somos ciudadanos del cielo. Cuando en un espacio físico territorial se manifiesta el Reino de Dios, el gobierno del Señor, la evidencia de este es JUSTICIA Y PAZ.

Por lo tanto, quienes vivimos allí somos bendecidos por el sacerdocio y como agradecimiento a una vida en justicia y paz, damos nuestros diezmos, para sostener, mantener y propagar ese sistema de justicia y paz. Por esa razón, dar el diezmo está más allá de ser un acto religioso o de obediencia por temor al empobrecimiento, es más un acto de FE.

Jebus representa el espacio físico territorial a ser conquistado y donde debe establecerse los principios del Reino de Dios. Muchos no han entendido esto y por eso tratan de “suspender” a Melquisedec “en el tiempo y en el espacio”. David entendió que la presencia de Melquisedec en Jebus proveyó  a este espacio físico territorial de la presencia de Dios y de la autoridad como la cabeza de las naciones, desde donde saldría la ley, la alabanza y el Reinado de Dios a toda la tierra.

 Los Jebuseos, descendientes de Canaán, tenían otra palabra decretada sobre ellos y no fueron fieles al sacerdocio de Melquisedec en Jebus. Es así como Dios interviene entregándole a la descendencia de Abraham la tierra de los cananeos. Abraham es el portador de la bendición y debe echar a los Jebuseos para establecer desde Jerusalén, que es Salem en sentido espiritual, el Trono de Dios, las sillas del juicio, el altar de Dios, la Casa de Dios y la Ciudad de Dios, mostrando un ejemplo de Nación y Ciudad a todas las naciones.


Debemos comprender que Dios quiere establecer, en cada centímetro cuadrado de la tierra,  su Reino. Cuando los hijos e hijas de Dios entendemos esto, entonces entregamos a Cristo el espacio físico territorial donde habitamos y procuramos mediante la intercesión, los decretos y la profecía redimir la tierra para nuestro Dios, echando a los jebuseos, es decir, a los demonios que gobiernan territorios.

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